La historia de los vendedores ambulantes se remonta a cuando las aguateras que iban calle arriba calle abajo, con sus múcuras de barro, desde las pilas hasta las casas, y hoy todavía, como en aquellos primeros tiempos, se ven burros cargados con ramas de eucalipto que recorren la ciudad de norte a sur para que los clientes hagan el sahumerio de costumbre. A comienzos del siglo XX fueron símbolos de la ciudad los voceadores de prensa y los vendedores de lotería., hasta que fue construida, entre otras, la plaza del 20 de julio, y los mercados ambulantes de Corabastos.
Ambulantes los lustrabotas que trasegaban, cada vez en mayor número, los alrededores del comercio y las oficinas hasta el día en que instalaron sus puestos de trabajo en los parques de Lourdes, Nieves, Chapinero, Plaza de Bolívar y plazoleta El Virrey, entre otros.
http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-1352701

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